Semana Santa en Puebla: ¿Detenerse o seguir corriendo?

Por Alejandro Muñoz Mata

 Entre el turismo, el descanso y la tradición religiosa, vale la pena preguntarse qué significado le damos realmente a estos días en nuestra ciudad.

Cada año llega la Semana Santa, con ella cambian los ritmos de la vida: se vacían las escuelas, se llenan las carreteras, suben las reservaciones en hoteles y algunos aprovechan para vacacionar. Pero, en medio de todo eso, vale la pena hacerse una pregunta incómoda: ¿todavía sabemos qué celebramos en estos días?

Para los creyentes, es común acudir al templo, participando en las celebraciones litúrgicas donde se recuerda la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús. Son días de silencio, reflexión, de mirar la cruz, cuestionarse por el sentido del dolor, del amor, del perdón y de la esperanza. Sin embargo, la realidad parece ir por otro camino.

No hace muchas décadas, en estas fechas se vivía de otra manera, incluso aquí en Puebla. El Viernes Santo era día de silencio; las familias guardaban respeto. En casa, a las tres de la tarde, se rezaba. La música en la radio era solemne y las calles del centro parecían caminar más despacio. El sábado de Gloria llegaba la alegría, el agua en las calles, la espera de la Resurrección. Era una mezcla de fe, tradición y comunidad.

Hoy, los tiempos son distintos. Estas fechas se ha convertido para muchos en un momento para relajarse, salir de vacaciones o, si la economía o el tiempo no alcanzan, ponerse al día con series pendientes, reuniones familiares, dormir más. No está mal descansar, todos lo necesitamos. Tal vez, se pasa un momento al templo, se hace una oración rápida y se continúa con el ritmo acelerado del día.

Entonces surge nuevamente la pregunta:

¿Qué representa hoy para mí la Semana Santa?
¿Es el memorial vivo de la Pasión, Muerte y Resurrección?
¿ Es mi momento para viajar y descansar?
¿ O es tiempo de más trabajo porque me dedico al comercio o servicios?

Tal vez estos momentos ya no se viven como antes, pero sigue siendo una oportunidad extraordinaria: detenernos, para pensar en nuestra existencia, y para descansar el alma.

Sea en la iglesia, en casa, en el trabajo, en la carretera o en la playa, ojalá que estos días no pasen sin dejar algo bueno en nosotros.

Que sea una semana de paz, descanso, reflexión, convivencia. Que al final podamos decir, más que “buenas vacaciones”:

Felices Pascuas.

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