Kamaleón Político

Por: Fortino Morales Pacheco

En riesgo la vida de pacientes oncológicos del IMSS Puebla

Si algo le faltaba al ya deteriorado panorama del IMSS en Puebla, era esto: la vida de pacientes con cáncer puesta en riesgo por la falta de medicamentos.

Hoy no se trata solo de quejas recurrentes o fallas administrativas. El problema escaló a un nivel mucho más delicado. Cientos de familiares de pacientes oncológicos denuncian que llevan más de tres meses sin acceso a los tratamientos que necesitan sus seres queridos para seguir luchando.

Tres meses.

En una enfermedad donde el tiempo no es un factor secundario, sino determinante.

La situación no solo es alarmante, es inaceptable. Los medicamentos que no está suministrando el IMSS tienen costos que oscilan entre los 8 mil y 10 mil pesos. Para la mayoría de las familias, simplemente es imposible cubrirlos por su cuenta. La consecuencia es brutal: tratamientos interrumpidos, terapias pospuestas y, en el peor de los casos, vidas en riesgo.

Así de claro.

Y frente a este escenario, la pregunta vuelve al mismo punto: ¿dónde está la delegada María Magdalena Tinajero Esquivel?

Porque si algo exige el cargo que hoy ocupa es gestión. Gestión ante oficinas centrales, ante el gobierno federal, ante quien sea necesario para garantizar el abasto de medicamentos, más aún cuando se trata de pacientes con cáncer.

Pero esa gestión no se ve.

Lo que sí se ve es la continuidad de un patrón: desabasto, desorganización y una preocupante ausencia de respuestas efectivas. Como si la crisis no fuera suficiente, como si el problema pudiera esperar.

No puede.

Aquí ya no caben matices ni discursos técnicos. Cuando un paciente oncológico deja de recibir su tratamiento, no estamos hablando de burocracia, estamos hablando de una cadena de omisiones que puede tener consecuencias irreversibles.

Y eso tiene responsables.

La delegación del IMSS en Puebla no solo está rebasada: está fallando en lo esencial. Y cuando lo esencial es la vida, la omisión deja de ser administrativa para convertirse en un asunto profundamente político.

Porque cada receta no surtida, cada tratamiento detenido y cada familia desesperada se traduce en desgaste, en indignación y en un costo que no se diluye.

Se acumula.

La pregunta ya no es si hay crisis. La pregunta es por qué, frente a una crisis de esta magnitud, no hay resultados ni decisiones de fondo.

En política, hay momentos donde la permanencia en el cargo ya no se mide por el tiempo, sino por los resultados.

Y cuando esos resultados no llegan, sostenerse deja de ser una opción responsable.

En el IMSS Puebla, la crisis ya no admite excusas.

Y el tiempo, para muchos pacientes, simplemente se está agotando.

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