Kamaleón Político

En Puebla, el IMSS no está fallando por accidente, sino por conducción.
A casi dos años al frente de la delegación, María Magdalena Tinajero Esquivel no tiene resultados que presumir, pero sí un catálogo de fallas que se repite todos los días: desabasto de medicamentos, ausencia de reactivos, atención deficiente, citas para estudios hasta medio año después, y algunos otros que por el momento no los pueden hacer como electrocardiogramas y, para rematar, robos de fármacos dentro de sus propias clínicas.
No es percepción, es realidad cotidiana.
El problema dejó de ser administrativo hace tiempo. Hoy es político. Porque cuando una institución de salud pierde el control de lo esencial —abasto, servicio y seguridad—, lo que está en juego no es un informe, sino la credibilidad… y la estabilidad.
Aquí no hay espacio para discursos técnicos ni justificaciones recicladas. Los derechohabientes no necesitan explicaciones: necesitan medicamentos, diagnósticos y atención digna.
Y no los están recibiendo.
Sostener una gestión así no corrige el rumbo, lo agrava. La ineficiencia prolongada también es una forma de decisión.
En política, hay momentos en los que mantenerse en el cargo deja de ser responsabilidad y empieza a parecer terquedad.
En el IMSS Puebla, ese momento ya pasó.


