
Davos 2026: Turbulencia e Incertidumbre
Por: Eduardo Vázquez Rossainz
El Global Risks Report 2026 del Foro Económico Mundial no es, ni pretende ser, un documento profético. El informe deja atrás la lógica de los “eventos disruptivos” para describir un fenómeno más inquietante: el desgaste simultáneo de los pilares que sostuvieron el orden mundial y la incertidumbre que marcará el desenlace del segundo cuarto del siglo XXI. El riesgo central ya no es una crisis específica, sino la incapacidad sistémica para responder de manera eficaz a múltiples escenarios críticos al mismo tiempo.
La fragmentación geopolítica, el colapso de la confianza institucional, la presión climática irreversible, el deterioro de la cohesión social y el avance acelerado de tecnologías sin una gobernanza efectiva aparecen como vectores interconectados de una misma crisis estructural global.
Una de las evaluaciones más relevantes del reporte es de carácter conceptual: el riesgo deja de ser externo al Estado y se instala en su interior. La fragilidad institucional, la polarización política extrema y la pérdida de capacidad administrativa se configuran como amenazas tan graves como una guerra o una pandemia.
En este contexto, la geopolítica vuelve a operar como un juego de suma cero. El informe subraya la normalización del conflicto como instrumento de la política internacional: guerras prolongadas, conflictos regionales, coerción económica y el uso político de las cadenas de suministro se consolidan como prácticas habituales.
El capítulo tecnológico resulta particularmente revelador. La inteligencia artificial, lejos de presentarse como una promesa neutral de eficiencia, es descrita como un multiplicador de riesgos. En Davos se reconoció abiertamente que la velocidad del desarrollo tecnológico ha superado la capacidad política e institucional para regularlo.
En el plano social, el reporte abandona el lenguaje edulcorado de la inclusión y aborda de manera directa el aumento de la desigualdad, la precarización laboral y la crisis del costo de vida, no solo como problemas económicos, sino como detonadores inmediatos de inestabilidad política. La protesta social deja de ser una anomalía y se convierte en una constante estructural. El riesgo no es la movilización en sí, sino la desconexión creciente entre gobernantes y gobernados a escala global.
El cambio climático, por su parte, deja de tratarse como una amenaza futura y se asume como una condición permanente del entorno estratégico. Los eventos extremos, la inseguridad alimentaria y el estrés hídrico se integran plenamente al análisis de seguridad nacional. El reporte reconoce que la transición energética será conflictiva, desigual y políticamente costosa: no habrá un tránsito lineal hacia la sostenibilidad, sino tensiones, resistencias y reacomodos.
México aparece en el Global Risks Report 2026 como un país especialmente expuesto a la convergencia entre riesgos estructurales internos y un entorno internacional cada vez más hostil. El primer riesgo identificado es la delincuencia y las economías ilícitas asociadas. El crimen organizado deja de ser un factor externo y se consolida como un componente estructural del funcionamiento económico y político del país.
Un segundo riesgo es la insuficiencia de los servicios públicos y de los sistemas de protección social. En México, esta debilidad se manifiesta en tensiones persistentes en salud, educación, infraestructura y seguridad social, lo que incrementa la vulnerabilidad y reduce la capacidad de respuesta ante crisis simultáneas.
La desaceleración económica aparece como otro riesgo relevante. En un entorno de confrontación geopolítica y fragmentación de las cadenas de suministro, México enfrenta el peligro de un crecimiento insuficiente para generar empleo, reducir desigualdades y sostener la estabilidad interna.
La polarización social y política actúa como un riesgo transversal. La combinación de desigualdad persistente, violencia y desconfianza institucional incrementa la probabilidad de conflictos y erosiona la gobernabilidad. Las sociedades polarizadas responden peor a crisis complejas, precisamente cuando la cooperación resulta más necesaria.
El Global Risks Report 2026 dibuja para México un escenario de alta incertidumbre en el que los riesgos se refuerzan mutuamente: la inseguridad debilita al Estado; la corrupción y debilidad institucional limitan el crecimiento; el bajo crecimiento profundiza la polarización; y la polarización reduce la capacidad de respuesta.
El mensaje que emerge desde Davos 2026 resulta incómodo porque no ofrece soluciones simples. El mundo cambió y gobernar ya no significará administrar el crecimiento, sino contener el deterioro. La pregunta ya no es quién evitará las crisis, sino quién contará con la capacidad política e institucional para sobrevivir a ellas.
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